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Manuel Montaner » Blog Archive » Entrevista en Observanto

« 19 años. I still remember… I’m back »

Entrevista en Observanto

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“El primer semestre de 2011 ha sido crucial para el gobierno de Barack Obama. Luego de la derrota que su partido sufrió en las elecciones legislativas de noviembre de 2010, el presidente comenzó el año con muchos frentes abiertos y con pocas certezas. La economía crecía a ritmo tímido, el desempleo seguía alto, la oposición republica se encarnizaba y el país estaba estancado en dos guerras de indescifrable final. Para peor, la popularidad del mandatario tocaba el nivel más bajo desde que llegó a la Casa Blanca.

En este marco, muchos analistas plantearon sus dudas cuando Obama anunció en abril que se postularía para un nuevo período. A primera vista, parecía que el camino no iba a ser tan sencillo como en 2008, año en que obtuvo una victoria contundente de la mano de un mensaje que invitaba a los norteamericanos al optimismo por el futuro. Incluso hubo quienes señalaron que el presidente había perdido su capacidad de conmover al electorado, y que difícilmente podría despertar entre los votantes el mismo fervor que alcanzó durante su primera campaña presidencial.

Y entonces mataron a Obama bin Laden. Cuando pocos lo esperaban, el presidente comunicó al mundo que el enemigo número uno de los Estados Unidos había sido asesinado tras una operación militar de precisión quirúrgica. Como suele ocurrir con eventos de esta naturaleza la gente salió a festejar y, de repente, buena parte de la ciudadanía recuperó la confianza en un hombre que hasta pocas horas antes miraba con recelo.

Naturalmente, esta victoria política no borra los numerosos –y ciertamente graves- problemas que enfrenta Estados Unidos, sobre todo en el terreno económico. Pero sin dudas ofrece a Obama la posibilidad de recuperar la iniciativa de cara a una contienda electoral que promete ser implacable, en vista de la creciente radicalización de la oposición republicana.

En este contexto Observanto entrevistó a Manuel Montaner, Licenciado en Relaciones Públicas de la Universidad Argentina de la Empresa y Director de la Carrera de Relaciones Públicas de la Universidad del Salvador. Fue Presidente, Vicepresidente y miembro de la Comisión directiva del Consejo Profesional de Relaciones Públicas, consejero titular de la Confederación Interamericana de Relaciones Públicas y miembro pleno de la International Public Relations Association. Actualmente se encuentra preparando su tesis doctoral sobre el impacto de la comunicación productiva en Organizaciones Inteligentes

¿Cuál es, en su opinión, la causa de la creciente politización de los medios de comunicación en Estados Unidos?

La creciente politización de los medios en Estados Unidos podría estar relacionada con una suerte de percepción de pérdida de poder e influencia en el mundo, y el miedo que esto acarrea.

La transformación que ocurre en una sociedad cada vez más globalizada, la dinámica revolución de los medios sociales, la democratización de la información y la disminución de la influencia americana como el pattern del modelo, sumados a un fuerte retroceso económico y a una pizca de cierto etnocentrismo, han hecho que los medios optaran por trabajar desde una postura mucho más ideológica, en especial en defensa de intereses partidarios, cuando no, de los intereses de un sector de la opinión pública que dicen representar.

En este contexto, el debate que se produce en la sociedad norteamericana es el de diferentes visiones de la sociedad desde la mirada de los demócratas, cada vez más liberales; hasta la de los republicanos, cada vez más conservadores. Es la misma polarización que se ve actualmente, con mayor o menor intensidad, en otras democracias como Francia, Italia o Finlandia. Y los medios se han convertido en las banderas más estentóreas de ese debate.

Teniendo en cuenta que la Casa Blanca dio algunas informaciones contradictorias; ¿cuál es su evaluación de la forma en que se comunicó el asesinato de Bin Laden?

En este tema hay que ser absolutamente precisos, ya que no se trata de evaluar si estuvo bien o mal asesinar a Bin Laden, sino analizar la forma en que este hecho se comunicó.

Creo que las contradicciones que se produjeron en la información sobre el ajusticiamiento de Bin Laden tenían por objeto hacer que el tema fuera la tapa de todos los diarios del mundo durante el mayor tiempo posible. Eso es un triunfo mediático de la Casa Blanca, que hizo que el tema trascendiera la duración promedio de una noticia y pusiera a cualquier otro evento en un segundo plano.

La forma en que se comunicó el asesinato siguió un ritmo calculado. Primero se produjeron filtraciones en los medios tradicionales, con su correlato explosivo en los medios sociales. Luego el sitio oficial de la Casa Blanca puso online una placa que anunciaba que “en instantes hablará el presidente”, a fin de mantener el suspenso. Finalmente la aparición de Obama anunciando el hecho con palabras y emoción contenidas, conciente del peso de las palabras que decía y de la acción que habían realizado para acabar con lo que Estados Unidos llama “The long War”; parecían mostrar al gobierno norteamericano en perfecto control de una situación, algo que George Bush jamás logró.

Así que se comunicó de la manera que Obama sintió que era más acertada, teniendo en cuenta el peso emocional que dicha situación había generado en el tejido social de la población. En todo caso, lo que habría que revisar es lo que señala el cineasta Michael Moore sobre la muerte de Osama en un reportaje que le hicieron recientemente: “los nazis mataron decenas de millones. Ellos tuvieron un juicio. ¿Por qué? Porque nosotros no nos parecemos a ellos. Somos americanos y hacemos las cosas de modo diferente”.

¿Es posible replicar con éxito la campaña de comunicación que Obama desarrolló en 2007/2008? ¿Qué se debería agregar y qué se debería quitar?

Lo que tiene de bueno la sociedad americana es que permanentemente se reinventa a sí misma, y las redes sociales tienen una voz diferente a la de los medios tradicionales. La tecnología permite dar a los mensajes políticos una voz singular, distinta, personalizada, ajustada.

La campaña es posible si la transformación que está haciendo el presidente se replica en la manera de encararla, y esto se sostiene con su compromiso. Todo proceso político comienza con un compromiso, crece con comunicación y se sostiene con la confianza de la gente.

De modo que, como punto de partida, Obama debe mostrar un compromiso real con las ideas que defiende. Su comunicación puede ser poderosa e impactante si se pone a diseñar un futuro donde el miedo comience a desmontarse. Lo que no es poco.

Obama es un presidente que logró conmover a millones de personas durante la campaña, pero que decepcionó a muchos desde que asumió. ¿Cómo explica ese fenómeno?

Eso está relacionado con las desarmonías entre la percepción de la gente y el ROE (Return On Expectations, “retorno sobre las expectativas”) de la opinión pública.

Me parece lógico que a un presidente a quien inicialmente se le cargaron muchas ilusiones luego genere frustraciones y desencantos. Es un buen baño de realidad política que tanto Obama como los estadounidenses se den cuenta de que hay cosas que se pueden hacer y otras que no, y que siempre existen prioridades y obstáculos inesperados. Habría que acreditar la frase atribuida a Sammy Davis Jr. “Yo no sé lo que es el éxito, pero sé que es el fracaso: el fracaso es tratar de complacer a todos…”

Obama está aprendiendo de sus errores y se encuentra ajustando su estrategia en forma permanente. Es un líder que lidera y se adapta, y todavía tiene mucho para ganar. Así que hay que sostenerle el crédito porque está arreglando lo que el anterior presidente despilfarró: credibilidad, una cantidad espantosa de dinero, dos guerras contra toda norma internacional y cosas bastante preocupantes como la suspensión de las libertades individuales. Y la pesada asfixia de un miedo permanente.

Nada de eso se arregla por decreto. Obama lo sabe, y como cabeza de la primera nación de la Tierra quiere dejar una huella diferente. Esperemos que sea de posibilidad, de inclusión y de servicio. Como se espera de un líder del tercer milenio.”

Gracias Adriano Bosoni!

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