La Unidad en la Diversidad.
Hay un tiempo para cada cosa, dice el Eclesiastés.
Y en este tiempo agradezco a todos los que me ayudaron a subirme al último vagón del último tren mientras atrás venían levantando las vías.
A mis hermanos del alma del Grupo Humildad. Por los que están y los que se fueron. Dios, ellos y yo sabemos por qué; el cómo y el para qué lo fui aprendiendo con los años.
A Nikita que fue la primera que me reconoció como socio y amigo.
A Pepe que inventó un lugar, para estar juntos especialmente en los peores momentos.
A Luisito, por enseñarme a escuchar amorosa y activamente, darme motivación y mostrarme siempre con su ejemplo, como se sostiene el compromiso.
A Mirita, que es el Poderoso Viento bajo mi alas.
A la generosidad de Claudia, que me abrió todas las puertas posibles y siempre es amorosa oferta. A Romina, que cree en mi compromiso, me da espacios para crear, crecer y compartir.
A Mónica por ser posibilidad, entrega sin condiciones, y socia en cada nuevo emprendimiento. A Flavia que es una servidora desde la sencillez y porque me dió esa oportunidad de ser.
A Amalia y su familia que me bendicen en cada encuentro.
Al inefable Grupo de Los Cazadores porque ellos siempre tienen un lugar para mí. Y si no lo tienen, lo inventan.
A Ángela, que me descubrió surfeando en el delta del Mekong mientras jugaba con una Tortuga. O viceversa. Y nunca jamás, me soltó de la mano.
A Marcela que me hizo su Ángel de la Guarda, me encendió la luz de las letras, me pintó las alas de amarillo y me distinguió.
A mis Coaches y maestros, Maria Marta, Fer, Alejandro y Leo, por gritar con voz potente: Mane, veni foras!!!
A Matías por mostrarme que un Coach puede ser profundamente humano y usar a discreción las últimas tecnologías.
A Jorge de mi corazón, mi espejo, por enjugarme las lágrimas y porque me enseñó que se sale de todo -aún de lo más espantoso- y que más allá del dolor hay un mundo nuevo.
A todo el ITC7 de Buenos Aires porque son tan diferentes y tan necesarios.
Al ITC de Rosario porque me hicieron sentir brisa entre sus manos. Cuando no, tigre.
A Ale, Juancito, al Negrito. A los que están lejos como Jorge en una isla, o Fede en alguna Universidad americana recitando poesías y nuevas teorías.
Sin mencionar a los que están en La Patria Celestial que me siguen cuidando.
A todos los que de alguna manera son una brasa para que yo me constituya en una Hoguera.
Y en corazón agradecido. Y bien caliente.
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